Tenencia ilícita de armas + amenazas condicionales + lesiones: ARCHIVO

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Tras dos intensos años de trabajo, hemos recibido el atento archivo del procedimiento. Nos encontrábamos ante un complejo procedimiento, con dificultades probatorias evidentes y con penas superiores a los seis años de cárcel. Por ello, una vez siendo conocedores de la investigación, se trabajó paso a paso para demostrar la inocencia de nuestro defendido.

¿Qué significa el archivo? El técnicamente llamado sobreseimiento significa la terminación anormal y anticipada del procedimiento. ¿Por qué «anormal» y «anticipado»? Pues, sin grandes consideraciones dogmáticas, podríamos decir que cuando se instruye un procedimiento, éste debe finalizar [normalmente] mediante una resolución en la que se determine que la persona encausada es inocente o culpable. Cuando no puede finalizarse mediante sentencia, por falta de elementos fácticos o jurídicos que no permiten la aplicación definitiva de la norma penal, condenando o absolviendo (es decir, se ha creado una crisis procesal) el procedimiento debe finalizar. ¿En qué se fundamenta el sobreseimiento? Como en otrora señaló un ilustre Tratadista, el proceso en sí mismo es una pena. El vivir en primera persona un proceso penal es un verdadero suplicio. Por desgracia, no es la primera vez que acompañamos a nuestros defendidos en procesos de ansiedad, estrés, depresión, y muchos otros efectos nocivos para la salud, a causa de la congoja causada por tener un procedimiento abierto. Procedimiento abierto en el que, mayoritariamente, se acaba con un resultado óptimo. Así pues, en el sobreseimiento late tal argumento: ¿para qué esperar y prolongar un sinvivir, cuando se ve, anticipada y apriorísticamente, que no va a resultar en una condena?.

Por desgracia, no es lo común. Debido a varios motivos, a nuestro parecer. En muchas ocasiones, los propios Letrados/as dejamos el caballo de batalla para el juicio. Con el pretexto argumental de que así no se ven previamente nuestras estrategias. Tampoco faltan, de nuevo, a nuestro parecer, órganos jurisdiccionales muy reacios a archivar el procedimiento; considerando que lo propio es dirimirlo en el Acto de Juicio Oral.

Esa nunca es nuestra estrategia. En primer lugar, porque más tarde o más temprano, deberemos trazar, y se verá, una estrategia defensiva. Salvo, lo dejemos absolutamente TODO para el Acto del Juicio Oral (con los riesgos que, a nuestro parecer, esa opción entraña y que no podemos profundizar ahora). Debemos recordar que, normalmente, el proceso penal consta de tres fases, y cada una de estas debe ser aprovechada, con la evidencia práctica de que luego se nos inadmitan cuestiones por no haberlas expuesto en su momento procesal oportuno. Segundamente, derivado de lo anterior, porque acudir taimadamente al Acto de Juicio Oral, sin que sea visible ni un sólo argumento de defensa, es dejar a la ventura toda la estrategia. En tercer lugar, muy importante: nuestro defendido se acuesta y se levanta angustiado porque pende sobre él un proceso penal. Tenemos el convencimiento de que intentar acabar cuanto antes esta angustia es la mejor defensa de sus intereses y vida.

En el presente caso, nuestra estrategia fue inversamente contraria a lo que se expone. Desde el primer momento se fueron solicitando una a una todas las diligencias que permitieran esclarecer los hechos. Declaraciones, informes, testificales, oficios… Así pues, poco a poco se fueron lustrando los hechos, se reflejaron las evidentes e inverosímiles contradicciones, demostrándose al fin que todo había sido un entramado de calumnias.

Así pues, después de dos años de esfuerzo y trabajo, de acompañar y ver el sufrimiento de nuestro defendido, conseguimos el archivo.

De nuevo, efusivamente contentos por esta noticia, especialmente por la tranquilidad de nuestro defendido. Pero también, por el diligente trabajo y garantismo de nuestros Tribunales, que no dudaron en finalizar anticipadamente un procedimiento, cuando se vio apriorísticamente la imposibilidad de acusar.

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